ADOLFO RODRIGUEZ JURADO (Sevilla, 1865-1933)

Doctor en Derecho
Nacido el 26 de julio 1865 - Sevilla
Bautizado el 28 de julio 1865 - Parroquia de San Ildefonso de Sevilla
Fallecido el 12 de julio 1933 - Sevilla a la edad de 67 años

Hijo de Adolfo Rodriguez De Palacios (1835-1907) y Maria Josefa Jurado Sarmiento. (ver su ascendencia)

Casado en 1898 con Maria Teresa De La Hera Janer (1878-1960) con la que tuvo once hijos. (ver su descendencia)

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Fué presidente de la Diputación Provincial de Sevilla. Diputado a Cortes, de la Real Academia de Bellas Artes y de la Historia, Decano del Colegio de Abogados de Sevilla, Presidente de la Unión Nacional de Abogados, sobrino del Conde de Asmir, Caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, descubridor de la autoria por Juan de Mesa de El Cristo de la Conversión del Buen Ladron en 1910.

SEMBLANZAS PUBLICADAS EN EL DICCIONARIO DE ATENEÍSTAS II
Por José Luis Campuzano Zamalloa
Ateneo de Sevilla, Junio de 2004.

Don Adolfo Rodríguez-Jurado y de Palacios fue una de las personalidades más brillantes y singulares de la Sevilla de finales de siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Abogado, político, investigador y escritor,- puso al servicio de estos cometidos - según el relato de su biografía que publicó el libro El Foro Sevillano, recogido por la Enciclopedia Espasa- "una oratoria hermosa, gallarda, elocuente y llena de vigor, que hace resaltar la brillantez de su palabra"; cualidad que utilizó en cuantas ocasiones se le presentaron de dar rienda suelta al entusiasmo que le provocaba la historia de Sevilla y de su gente, así como sus tradiciones y sus leyendas, en cuya investigación se recreaba; por lo que la Ciudad reconocida a quien tan fogosamente la exaltó, rotuló con su nombre una de sus calles emblemáticas, como flanqueada por los monumentos más señeros y ubicada en uno de sus paisajes urbanos más sugerentes.

Nació el día 26 de julio de 1865 en un inmueble perteneciente a la collación de San Ildefonso, en cuyo templo parroquial fue bau tizado muy pocos días después, y en el seno de una familia de acendrada religiosidad, siendo de destacar que una hermana suya, profesa de la orden carmelita bajo el nombre de Sor Josefina, pasó en tarea evangelizadora a Borneo, donde permaneció hasta el fin de sus días. Su padre, don Adolfo Rodríguez de Palacios, desempeñaba a la sazón el cargo de notario real y público de Sevilla y del territorio de su Audiencia, y como tal certificó la llegada a Sevilla de los restos atribuidos a Cristóbal Colón y su depósito en el panteón de la Catedral; y ejercía así mismo el cargo de archivero de los Protocolos Notariales, en el que prestaba valioso apoyo a los investigadores que allí acudían en busca de informaciones históricas, de lo que dieron testimonio Rodríguez Marín y don José Gestoso.


Contagiado por el ambiente jurídico que se respiraba en el hogar familiar, cursó, juntamente con su hermano menor, José Gregorio, la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla, y al igual que éste recibió la investidura de doctor en la Universidad Central, que era el único centro habilitado en aquella época para otorgar esta superior calificación académica.

A la fecha de su licenciatura en Derecho contaba dieciocho años de edad, por lo cual no pudo incorporarse de inmediato al Colegio de Abogados de la ciudad, lo que le hizo centrar su atención en la labor académica, en la que prosiguió después, donde obtuvo el nombramiento de catedrático auxiliar de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla.

Superado el escollo de la edad, reglamentariamente establecido para el ejercicio de la abogacía, comenzó en 1886 su actividad forense en los Colegios de Sevilla y de Madrid, que le proporcionó éxitos resonantes, de algunos de los cuales se hacen eco las semblanzas que le dedican sus biógrafos, hasta alcanzar su culminación con la designación para el cargo de decano del Colegio de Abogados de Sevilla, que desempeñó desde 1926 hasta 1932.

Pero, al compás de su dedicación al Foro y a la Universidad, daba rienda suelta a otra inquietud que embargaba su ánimo, cual era la actividad política, a la que tan dilatadamente se vinculó, ya que su dedicación a ella abarcó desde la regencia de D. María Cristina hasta los albores de la segunda República, en cuyo período de tiempo desempeñó los cargos de teniente de alcalde y regidor síndico del Ayuntamiento de Sevilla, diputado a Cortes, donde destacó como orador parlamentario, y presidente de la Diputación Provincial.

A poco que se penetre sin embargo en los pormenores de su biografía, se advierte que, al margen de su entusiasmo por la ciencia del Derecho, que le proporcionó la justificada fama de que llegó a disfrutar, y su dedicación a la política que le dió nombradía nacional, destaca su actividad investigadora y literaria, puesta al servicio del amor a la Ciudad de Sevilla y a todas sus manifestaciones.

Su afán por descubrir y clarificar acontecimientos históricos, principalmente en su vertiente local, y quizás espoleado por el ambiente vivido en su juventud en razón el cargo que su padre desempeñaba, le llevó a acometer numerosos trabajos de investigación en el Archivo de Indias y en diversos archivos de la ciudad, merced a los cuales pudo proporcionar a los estudiosos interesantes descubrimientos. Así, en conferencia que pronunció en el Ateneo de Sevilla en 26 de febrero de 1911 demostró, con abundante prueba documental, que el imaginero Juan Martínez Montañés, tenido por sevillano por cuantos autores habí an acometido su biografía, vino al mundo en la localidad jiennense de Alcalá la Real; y en un ciclo de conferencias que pronunció en el propio Ateneo bajo el título "Martínez Montañés, su patria, su vida y sus obras", y en el estudio histórico-artístico de la imaginaría sevillana, materia del libro que editó el Ayuntamiento de Sevilla en 1920 bajo el título "Quien no vio a Sevilla...", puso de manifiesto que la imagen de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, que venía siendo atribuida a aquel eximio escultor, era obra de la gubia de su discípulo Juan de Mesa.

Por otra parte, en discurso pronunciado en 11 de febrero de 1914, con ocasión de su recepción pública en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en presencia de los reyes don Alfonso XIII y Dª. Victoria Eugenia, aventuró la tesis, que apoyaba en documentos obtenidos en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla, de la posibilidad de que Miguel de Cervantes hubiera nacido en Córdoba, pues así lo afirmaba él con cierta reiteración en declaración que prestó como testigo en proceso seguido a instancia de un posadero de esta ciudad de Sevilla contra la Cofradía y Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario de su Santa Iglesia Mayor; y poco después, en la celebración de unos juegos florales que organizó el Ateneo en homenaje a Miguel de Cervantes, al cumplirse el tercer centenario de su muerte, pronunció el día 11 de mayo de 1916, en el salón Lloréns, una interesante conferencia que tituló "Apuntes para una página cervantina de la historia de Sevilla" en la que relataba la presencia del insigne novelista en una almoneda que se celebró para la efectividad de un legado testamentario instituido a favor del llamado Hospital de las Bubas, lo que le sirvió para pintar una sugestiva estampa de la vida de la ciudad e insinuar, con no pequeños argumentos, que acaso la relación de los libros que en ella se subastaron proporcionó a Cervantes antecedente para el escrutinio que realizaron el cura y el barbero en la librería de don Alonso Quijano, de su novela inmortal.

Estos logros profesionales, expuestos con rica oratoria y una bien cortada pluma, propiciaron su designación para los cargos de académico correspondiente de la Real Matritense de Jurisprudencia, académico de número y consiliario de la Real de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, vicedirector de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la de Bellas Letras de Córdoba, director honorario del Centro de Cultura Valenciano y vocal de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos; y le merecieron los honores de jefe honorario de Administración Civil y Comendador de la Orden Civil de Alfonso XII, así como la concesión de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, con que aparece distinguido en el retrato que se conserva en el Colegio de Abogados de Sevilla.

Es interesante reparar, al llegar a este punto, que una gran parte de su quehacer literario contó con los auspicios del Ateneo de Sevilla, como hemos tenido ocasión de ver al comentar las conferencias reseñadas más arriba, porque don Adolfo Rodríguez-Jurado, apasionado ateneísta, tenía un elevado concepto de esta institución a la que atribuía un destacado cometido, como representante cultural de la ciudad, en pro de las Ciencias, las Artes y las Letras; testimonios elocuentes de lo cual son los calificativos que le aplicó, con la ampulosidad oratoria de una época que vibraba en todos sus estamentos al conjuro de la palabra oral y escrita, en el prólogo de la conferencia que hemos aludido más arriba, pronunciada en los juegos Florales cervantinos, de "hogar de las letras hispalenses... donde se admira y con efusión se aplaude a los que, por fortuna viven y nos deleitan y nos encantan con las producciones de su ingenio".

Han pasado muchos años de la muerte de este preclaro sevillano, pero sigue presente entre nosotros, porque la ciudad mantiene su nombre, el Colegio de Abogados custodia su retrato y esta Docta Casa conserva entre sus paredes el eco de sus elocuentes disertaciones.

José Luis Campuzano Zamalloa.

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Documentación encontrada en la Biblioteca del CSIC
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* Discursos leídos en la Real Academia Sevillana de Buenas letras ante la presencia de Alfonso XIII y Victoria Eugenia en la recepción pública de Adolfo Rodríguez Jurado el día 11 de febrero de 1914.-- Sevilla : Real Academia de Buenas Letras, 1914 Tip. de Gironés-- 77 p. ; 24 cm..

* Homenaje rendido a la memoria del excelentísimo señor D. José Gestoso y Pérez : discurso necrológico escrito en virtud de acuerdo de las Reales Academias de Buenas Letras y de Bellas Artes de Sevilla / por el excmo. Sr. D. Adolfo Rodriguez Jurado.-- Sevilla : [s.n.], 1918 Sevilla Tip. Gironés-- 63 p. ; 23 cm..

* Homenaje rendido a la memoria del Excmo. Sr. D. José Gestoro y Pérez / discurso leído... por... A. Rodríguez Jurado.-- Sevilla : [s.n.], 1918 Sevilla Tip. Gironés-- 63 p., 1 h. de lám. ; 24 cm.